[Diario] Los Stones y la patria rollinga #5 – Por Diego El Zein

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[Diario] Los Stones y la patria rollinga #5.

Por Diego El Zein.

A principios de mayo de 1994 la banda dio una conferencia de prensa en Londres anunciando su gira mundial: Voodoo Lounge Tour. Por primera vez los Stones bajarían a tierras Latinoamericanas, tenían fechas programadas en México, Brasil, Chile y la Argentina.
La primicia la tuvo la Rock & Pop, Daniel Grinbank, dueño de la emisora, era quien los traía. El 1 a 1 del menemista ayudo esta vez en las negociaciones, digo esta vez porque se dijo que el empresario hizo anteriormente varios intentos fallidos. Recuerdo que en 1992, un 7 de noviembre inolvidable, show en Obras del maestro Keith Richards, presentando su disco solista “Talk Is Cheap” con los pibes cantábamos: ¡Mire mire, que locura, mire mire, que emoción, esta noche toca Richards y año que viene tocan los Stones…!
Las entradas se pusieron a la venta en octubre de 1994. Eran 5 shows en febrero del 95. La promoción de la radio fue infernal. De 30 temas que pasaban por día 25 eran de los Rolling. Escucharlo a Mario Pergolini trasmitiendo la gira desde New York. O Bobby Flores contando anécdotas. Ya nos iban poniendo en sintonía. Calentando la cabeza. Se mostraban imágenes de los shows por el mundo y se conocía el extravagante escenario ¡No me permitía dejar de soñar! Era el gigante que faltaba, el que la gente pedía, el anhelo de la patria Stones. Qué duda cabe que los Rolling Stones son una pasión argentina.
El primer día de venta de tickets no pude ir. Menos mal, por error organizacional y policial hubo disturbios, pelea, botellazos. En fin, un tal Fabián Maldonado termino degollado por Raúl Zarza, le dieron 10 años de cárcel.
Nosotros fuimos a los dos días de la tragedia. Nosotros: Leo, Álbaro y yo. Fueron 12 cuadras de cola pero lo logramos, sacamos para el 9 y el 16, el primero y el último show. Volvimos a casa erectos de felicidad y con las entradas en las bolas, en bolsa nylon. Jajaja.
Durante esos meses solo escuchaba a los Rollins Stones. Obviamente me compre todas las ediciones de Voodoo Launge, desde las special edition, las discothec versión, el single, el vinilo, el collector edition, y sume como 10 CDs más a la discografía. Creo que logre completarla en el 2014, full full, seguro muchos piratas me faltan, salvo algunas recopilaciones que tengo en vivo, no me quise comprar otras recopilaciones que repetían los temas que ya tenía en los originales porque como dice mi amigo hermano Lar (por Leonardo Adrián Rodríguez). Me aparto del relato para explicar su apodo. Al ser él fanático de Racing me hizo hincha de La Academia. Tenía una bandera con ese apodo. Tiene una teoría de que todo es al pedo, ya que dentro del universo somos un micropunto insignificante, y todo lo que hacemos es, según él ¡Al pedo! Pero bueno cada loco tiene su manual dice el refrán. Uy me salió un versito, dijo Dieguito. Bueno ya. Esta manía de rimar me la pego mi vieja. A lo que iba, comprar recopilaciones me parece al pedo. También me embroncaba con algunas críticas de la época, algunas ridículas.
María Elena Walsh dijo que los Stones le importaban tres pepinos.
Skay, siempre con su técnica anti prensa, comento que no le movía un pelo ya que eran una fábrica de jingles de publicidad.
Gustavo Cerati dijo algo así: tratare de alejarme lo más lejos posible en febrero, me parecen una banda de muñecos de goma. Esa me dolió pero lo perdoné. Igual hubo millones de halagos, Charlie estaba chocho recuerdo.
El 5 de febrero los ingleses más queridos por los rollingas arriban a Ezeiza y estábamos a más 500 mts de donde aterrizarían los 3 Jumbo: uno para ellos y técnicos, otro para personal vario y equipo liviano y el tercero para equipo pesado. Ya teníamos armada la logística de no embobarnos. Al verlos cual muñequitos de torta bajar del avión y saludar ni esperamos a que se suban a sus Mercedez, y entre codazos nos abrimos paso para tomar un taxi rumbo al Haytt.
Aclaración. La palabra rollingas. Si bien muchos lo usan como un género despectivo, sinónimo de sucio, desprolijo y drogón… Para nosotros era un piropo, un orgullo, un estandarte por pertenecer a esta tribu única en el mundo.
Al llegar al hotel ya teníamos contacto previo con el club de fans que nos conocíamos de reuniones previas. Abrazos, llantos y cánticos: vamo los Stones, los Stonn, vamo los Estoooo. Nos comparten unas birras pero al toque llega la caravana mágica. No había mucha seguridad, evidentemente no se esperaban lo que sucedería. Nada malo igual. Cuanta menos yuta mejor sale todo en estos casos. Se asoma el Mercedez de Mick, era la beatlemanía pero 30 años después, con la otra banda nos agolpamos contra el auto con las manos y la jeta en los vidrios las minas chillaban, los cantitos no paraban, le golpeábamos el techo, pude ver ente sombras a Mick paralizado pero sonriente, un flaco se tiró transversalmente sobre el capot. Un quilombo hermoso. Inolvidable. Lograron entrar. Quedamos todos extasiados. Creo que nunca paro el canturreo vamos los Stones. Cuando nos reagrupamos los tres con los pibes del club, ya tenían la posta de por dónde iba a saludar la banda, en que habitación estaba cada miembro, que Juanse y Vilas estaban alojados de anfitriones con ellos y que iban a quedar hasta mañana. Ok nos sumamos
– ¿Qué necesitan?
-Tráiganse de la YPF más gaseosas para las chichis que tenemos birras y unos fasitos.
Plin. Salgo, ya vengo. Lar y Álbaro compraron para hacer sanguchitos. Y entre fumatas, morfi, música, anécdotas rollingas, siempre a ver quién sabía más, risas, birra y algún coqueteo. Pura empatía stoneana. Aparecen al atardecer los cuatro en el balcón central por un minuto, creo, y saludan con reverencias los lords (foto histórica). Creo que mejor no pudo terminar ese día.
6 de febrero. La locura no paraba cada vez que salía una vans negra o Mercedes, ya habían puesto vallas de contención y seguridad a la banda, pero era una adrenalina inexplicable. Había salido Keith en cuero con su pucho y su vaso de vodka con jugo de arándanos y nos dedicó unas morisquetas. La plebe rollinga estallaba, se lo veía pasear por los jardines de la mansión, a Ronnie lo vimos muy poco, tenías que tener la fija y estar muy despabilado. La vimos tras un vitral de la mansión pintar hasta que un agreta cerró un cortinado. Ahí conocí a Steven, el presidente del club de fans me dijo que era seguridad de Keith Richards. Entonces cada vez que lo veía me hacia el boludo y en mi ingles mapuche le intentaba charlar al mono de dos metros, tatuado de cuerpo entero, moreno afro y nada simpático. En ingles mapuche dialogamos así:
– Hola ¿Cómo estás? ¿Qué te pareció argentina?
-Estoy trabajando fuera por favor.
Aaa ¿Y qué tal las mujeres? ¿Tan buenas no?
-Mierda estoy trabajando por favor, si lindo país, lindas mujeres¡Out!
-Aaa ¿Y el asado? ¿Probaste el asado, muy bueno?
-Mother fucker. Ok. Is your take it and out (ok es tuyo, tómalo y fuera).
Se mete la mano en un bolsillo de su bermuda camuflada y me da un cartón lacrado del hotel, de los que se ponen en las puertas de las habitaciones para no molestar, con el número de habitación 1206, el nombre de pasajero: Mick Jagger y la fecha de reserva: 3/2/95.
Y del reverso un hermoso: “What happened in love, Mick Jagger”, y su firma. Antes de desmayarme lo quise abrasar y agradecerle con un nudo en la garganta mientras me escabullía el sagrado grial entre mis bolas, me saco cagando y se fue. Hoy Steven Marsans es productor de Keith. Un ángel negro había pasado por mi vida.
Cuando me reencontré con Leo, pálido, temblado y con una sonrisa de guasón, lo agarre del brazo, Álbaro nos siguió. Nos alejamos unas cuadras y les conté, se los mostré. Me costó contarle por la emoción y el nudo en la garganta. Decidimos guardar el secreto y protegerlo como jedis, espalda contra espalda.
Esa misma noche fue buenísima. Salían a pasear sus majestades por baires. Todo esto nos enterábamos gracias a la Rock & Pop. Atentos a la jugada, tipo 20:30hs. sale caravana, ya estábamos apostados sobre las vallas, esta vez paso Mick y Charlie con la ventana a medio bajar. Saludando re cancheros, algunos llegaron a chocar los cinco. Mick se iba a comer a La Biela y Charlie a una tanguería. Para mí la misión Hyatt estaba más que superada. Quería llegar a casa a dormir, bañarme y, sobretodo, atesorar el autógrafo. Y recobrar fuerzas para llegar un día antes al show, sabiendo que sería otra travesía.
8 de febrero. Sabiendo del pacto con los pibes del fans club, tras dejarles un par de pack de latas de Quilmes edición Voodoo Lounge, ellos se turnarían para ser los primeros en la cola de River y nos aseguraron que al vernos nos acomodarían entre ellos, un gol. Así fue. Estaban a menos de 50 mts de la puerta de ingreso. Otra vez abrazos. Música, porritos, birretin y bailoteos estilo Jagger por doquier. Ya la yuta había aprendido, había un vallado a 400 mts del estadio, solo se podía ingresar con ticket del día del evento o DNI de residente de la zona. Los que estuvieron pésimos fueron los de la municipalidad, ni un solo baño químico pusieron. Había dos o tres bares dentro del perímetro y la Shell de Figueroa Alcorta, desbordaban sus dos baños, hasta que nos organizamos y con un par de líderes de otros clubs empezamos a vociferar que solo vallan a la Shell las mujeres, que los hombres nos las arreglemos donde podamos. Solo había un par de ambulancias de la Cruz Roja y un policía cada 2 cuadras, y helicópteros. Nadie nos molestaba. Éramos nosotros en libertad. Con Leo y Álbaro encontramos un estacionamiento abandonado, ahí fue nuestro baño. En la mochila teníamos papel higiénico, jabón, una botella de agua, un par de cajas de puchos caretas y una camuflada con 5 porros cada uno.
Al turnarnos para hacer los mandados de víveres, durante ese día, la nobleza obligaba que fuéramos nosotros ¡Qué buen destino! En una de esas vueltas vemos que hay unas maderas de aglomerado negras superpuestas con espacio para colarse. Nos sacamos las mochilas, y a mí me costó pasar un poco más que los flacuchos de Leo y Álbaro, aparecimos abajo de la Platea Norte. Nos miramos cagados de intriga y miedo, pero no había nadie, y sigilosos subimos un par de escalones y chanflas, guau. Otra vez la piel de pollo, el nudo en la garganta, las lágrimas en los ojos. Estábamos al costado del escenario, 99% armado. La grúa, que sería la cobra, estaba incompleta, los inflables estaban estirados en el campo. No había instrumentos, solo algo de equipos y los acrílicos de la batería de Charlie Watts con una lista de temas, cajuelas de cigarrillos, pilas de pedaleras ¡Increíble! Como me dijo Leo: “Si lo vas a escribir, si no hubiera estado con vos no te creería”.
Otra vez en la cola y con la boca cerrada. Pero no nos pudimos contener, así que esa noche dejamos unas birras y los sanguches y salimos a fumar y a charlar emocionados por lo que vivimos. Decidimos pasar la noche en un cómodo bar donde el encargado se copó y nos permitió pernoctar. Va se copó, le gastamos una buena suma pero no daba para dormir otra vez en la calle, después todo un día más y aparte todo el show al frente. Fue una inteligente inversión.
9 de febrero. Muchos años después entendí y supe manejar los ataques de ansiedad, pero en ese momento no. Era como el conejito de Bambi (Tambor), con la patita, con el bruxismo, con la transpiración de culo. FFF. No me aguantaba más. No sé qué tramoya se mandaron los muchachos por la noche pero avanzamos como 15 mts en la cola, adelante nuestro solo había 3 familias, eran de interior, en carpa desde hacía 4 días y tuvimos el respeto de dejarlos adelante. La prensa ya nos aburría con notas radiales y de TV por ser los primeros en la cola. Aparte siempre a Leo a Álbaro o a mí, por ser dentro de todo los más presentables, muchos de los del club llevaban una semana de gira «durmiendo» en la calle. Se hablaba de una prueba de sonido. Yo buscaba a Steven por todas partes a ver si me dejaba pasar. Pero mi ansiedad me hizo tomar el camino más corto. Con la excusa de vamos por unas birras, nos volvimos a colar por el mismo aglomerado. Pero al escalar el segundo escalón se nos acerca uno de seguridad privada. Y mucho para chamuyar no había, y Álbaro que es muy tímido, temiendo que yo boquee cualquiera, le contó pasivamente la verdad. Yo traspiraba. La respuesta fue que si no se mueven de acá y a mi señal se van por donde entraron todo bien, en cuanto se mueven se van en patrullero. Gracias a Álbaro. Otro milagro. En menos de 10 minutos estaban todos en el campo, vimos a Pergolini, Grinbank, Bobby Flores, Jorge Guinzburg, Juanita Viale, la Negra Vernaci, Nico Repetto, el ruso Verea, y un montón de gente VIP, de la farándula o productores que no juno. Otro relato que tienen derecho a no creerme. Escucharlo aullar a Mick. Riffear a Keith. Probar el slide a Ronnie. Redoblar el tacho a Watts. Pero en pose ensayo. Fue apoteótico, aun al escribirlo, al editarlo, al releerlo. Me emociona. Nos fuimos silbando bajito como perro con 4 colas.
-Eh ¿Dónde estaban che?
-No que era un bardo de gente el súper. Jajaja.
Se anunciaba la apertura de puerta a las 17:30 hs. Entonces, si bien no era una época donde me excedía en escobio, decidí, y me siguieron Leo y Álbaro, parar de chupar a las 16:30 hs. Cosa que nos permitiera mear todo lo posible para aguantar las 6 hs. de apretuje del show. Antes que soltar la valla y perder la posición al frente me meo encima. Sin ningún drama. Pero fue otra decisión inteligente. Mientras otros seguían tomando birra y merca, después los vi sacar, a mitad de show, por la Cruz Roja.
Así que ultima lata. Último faso afuera del estadio. Elongaciones, respiraciones de relajación. Camuflaje del porro para el show. Se abren las puertas al paraíso satánico.
Corrimos como nunca en nuestras vidas, llegamos al frente del lado izquierdo donde oficialmente toca Ronnie Wood. Ya estábamos. Durante un rato pudimos sentarnos y calar unas secas y tomar agua. Al toque arranco Pappo, emocionado por la invitación, con invitados de Riff, la rompió, el escenario, las luces, el sonido y la pantalla limitadísimo. Siguieron Las Pelotas, buen show, la gente mucha cabida no les dio, solo un gran grupo de su club de fans cordobés. Y Daffunchio siempre un gran carismático, muy lindo verlo. Siguieron los Ratones Paranoicos, ya era de noche, les dieron más luces y la pantalla media. Me gusto, pero Juanse muy duro en el último tema, se trepo cual mono a una torre de sonido y cae como muñeco, no todo el estadio lo vio, por estar tras las luces, el iluminador enseguida jugo con eso, y Juanse apareció en escena para despedirse y agradecer. Se la re banco, después se supo que se había fracturado.
Se apagan las luces por unos minutos y al estar al frente se ven a docenas de asistentes moviendo todo el escenario, trayendo los instrumentos stones, mientras se acomodan unos láser, para distraer al público, suenan temas de Robert Johnson, Chuck Berry, Johnny Winter, Little Richard, Elvis Presley, Jhon L Hooker, etc. Todas las influencias de ellos, ese era el mensaje. La pantalla en todo su esplendor, mágicamente expandida, mostraba imágenes de la gira en formato psicodélico, ya empezábamos a flashear. No me daban los sentidos. Quería mirar lo que hacían los técnicos, cómo armaban la bata, cómo les acomodaban las violas, la pantalla, la música. Necesitaba un clon. Un detalle que no narre. En mi mochila tenía 2 remeras stone, más una para cambiarme y otra remera para revolear con la utopía de hacerla llegar al escenario… ah y una sudadera con capucha por si refrescaba que nunca use.
Abruptamente hay un cambio lumínico movedizo, un zumbido, se trasformó el mundo, unos fuegos en todo el contorno del escenario, el campo cimbreaba al retumbar del bombo de “Not Fade Away”, empezaba el show más grande de la historia del rock en nuestras pampas. No voy a repetir mis sentimientos otra vez, solo digo que esta vez lo multiplico al punto de desmayarme cual histérica frente a Ricky Martin,
Saltábamos aunque no quisiéramos, solo por rebote. Se ilumina primero a Charlie, ya que la intro del tema comienza con la bata, los gritos de euforia competían con el bombo de esa hermosa Gretsch, al toque se suman todos en escena, ya flotaba de placer. Era lisérgico verlos tan cerca y tan iluminados, como que te metías dentro de sus arrugas. Solo nos abrazamos en llanto, arrugándonos a puño cerrado las remeras, cabezas con cabezas, y seguimos disfrutando el espectáculo.
Tocaron todos los clásicos. Más Voodoo Lounge entero, con algunas perlas como en “Sympathy For The Devil” que sale Jagger del piso con un sobretodo violeta oscuro, de forro interno rojo, y galera, y se inflan unos muñecos re locos, uno del diablo y otro de un cura (otro de los grandes momentos donde la gente estaba en éxtasis) y una grúa amenazante transformada en cobra lanzaba fuego por la boca. Estábamos tan cerca que sentíamos que nos íbamos a prender fuego. Nos estábamos yendo al maldito infierno de la mano de sus majestades satánicas ¡Yeeeeaaaa! Semanas después Telefe trasmitió el show y censuro la parte del cura y el diablo argumentando desperfectos técnicos.
No voy a nombrar los 23 temas que tocaron aunque podría pero aburriría. Hay dos, los más notables. Obviamente en el trillado “Satisfaction”, ahí pensé, posta, que el estadio corría peligro de derrumbe y fue donde más revoleo de remeras hubo. Hubo durante cada uno de los temas pero acá fue zarpado y justo Richards corre para nuestro lado, y delante de mis narices hace el ritual de como que cae de rodillas, suelta la guitarra sonando y eleva los brazos en gratitud. Ahí le rebolee la remera…pero cayó sobre la punta de su bota izquierda de gamuza. Cierro los ojos y lo recuerdo en cámara lenta: su vincha jamaicana asomando gotas de transpiración, el vapor por las luces, el estribillo final de satisfacción. Mi remera aterrizando y en cámara rápida, o normal, de golpe el incorporándose y levantando la remera de putin con la intención de tirarla al público pero aterrizo sobre un casco de la Cruz Roja. Jajaja.
El otro tema emotivo fue “Angie”, lo hubiera sacado de la lista pero termino garpando. Ya que toda la banda se posó sobre el acantilado del escenario para hacerlo en versión acústica, a tres guitarras (Richards, Ronnie y Mike) y Charlie con un mini set de batería portátil. Me re cague quemando el dedo de darle mecha al encendedor. Todo a dos metros. El set de Richards, capítulo aparte. Donde Keith dijo en inglés: los extrañaba chicos. Y en un entreverado español agrego: en serio ¡Fua! La verdad que llore más que la Chilindrina. Y así paso la noche mágica terminando con majestuosos fuegos artificiales.
A la hora de la presentación de la banda bajo la tutela de Mick. Sorprendentemente el más alabado fue Charlie Watts. Quien tímidamente se levantó de su banqueta, y no solo por estar a dos metros, desde la pantalla se le notaba todo su culo ingles traspirado. Una gloria. Ahí fue donde más frasea en confuso español tiro Jagger despertando fieras de jolgorio. Le siguió leyenda Richards. También simpatizamos mucho con los coristas Bernard Flowers y Lisa Fischer que desparramaron facha y erotismo toda la noche, hasta el abrazo y saludo final.
Hacen las reverencias finales. Se prenden las luces del estadio y salimos encandilados. Caminamos mudos en búsqueda del regreso, imposible.
La vuelta a casa fue eterna, el transporte público estaba atestado. Sin cuerpo. Solo almas en vibras, la llama aún no se apagaba.
Fue ahí cuando nos volvimos a mirar los tres, como diciendo:
-Esta noche prendimos fuego las naves amigos, con ese fuego que deja cicatrices para toda la vida, de esas que dan orgullo mostrar.

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